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lunes, 3 de junio de 2013

Ex agente de la CIA, supuesto asesino de Neruda, señala investigación

La investigación que se adelanta para determinar las verdaderas causas de la muerte del poeta chileno Pablo Neruda (1904-1973) apunta a que el misterioso médico que le habría inoculado un veneno es Michael Townley, ex agente de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA, por su sigle en inglés), ya procesado por las muertes del general Carlos Prats y del excanciller Orlando Letelier.
Manuel Araya, quien fuera chofer de Neruda, es querellante en el juicio e identificó a Townley como presunto autor del envenenamiento del Premio Nobel de Literatura en 1971.
“El doctor Sergio Drapper acusa a Price y por las características físicas que da (1,80 de estatura, rubio), seria Michael Townley quien hizo la maldad contra Neruda, y otros dos más que ya están identificados en la investigación que lleva el juez Mario Carroza”, dijo Araya en una entrevista con la agencia noticiosa italiana ANSA.
Townley, casado con la escritora chilena Mariana Callejas, militaba para 1973 en el ultranacionalista movimiento de derecha Patria y Libertad, opositor al gobierno de Salvador Allende (1970-1973) y adepto a la causa dictatorial del general Augusto Pinochet (1973-1990).
Según las averiguaciones, tras el golpe militar, Townley pasó a formar parte de los servicios de inteligencia y en su casa se experimentaba con el gas sarín y otras sustancias químicas que se inocularon a opositores a la dictadura.
Araya agregó que en las próximas semanas se conocerán los nombres de otros dos médicos vinculados con el deceso del poeta. También señaló que esperan los peritajes que se están realizando en EE.UU., incluso un estudio de ADN de María Malvina, hija fallecida de Neruda.
Asimismo, se mostró confiado en que “estamos en el camino correcto”, pues han aparecido “más cosas raras” sobre ese 23 de septiembre cuando murió el poeta.
El 19 de septiembre de 1973, ocho días después del golpe de estado que derrocó al presidente socialista Salvador Allende, Neruda, que padecía cáncer de próstata, fue internado de urgencia en la clínica privada Santa María, en Santiago, donde falleció cuatro días más tarde.
Oficialmente, la causa de su muerte fue el cáncer, pero hace dos años Araya afirmó que el poeta fue asesinado mediante una inyección letal y junto a algunos familiares del escritor solicitaron una investigación judicial que está en curso y que conllevó la exhumación de los restos el pasado 8 de abril.
En esa misma clínica Santa María falleció en 1982 el expresidente Eduardo Frei Montalva (1964-1970), cuyo deceso se atribuyó entonces a motivos de salud, hasta que en 2006 se probó que fue asesinado con gas mostaza y talio.
Townley es procesado por las muertes del general Carlos Prats y su esposa, en Buenos Aires (1974), y de Letelier, en Washington (1976), así como por el atentado en Roma al exvicepresidente Bernardo Leighton.
Desde la década pasada vive en libertad y bajo el anonimato que le confiere una identidad reservada que le otorgó la justicia estadounidense a cambio de su supuesta “colaboración”.
(Tomado de CubaDebate)

martes, 26 de julio de 2011

Un poema que hizo historia

Por Yeter palmero/ TV Camagüey

Entre los asaltantes al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953 se encontraba Raúl Gómez García. Su poema "Estamos en combate”- al que dio lectura aquel día ante sus compañeros- lo inmortalizó entre los cubanos.

"Ya estamos en combate"
Raúl Gómez García



Por defender la idea de todos los que han muerto.

Para arrojar a los malos del histórico Templo

Por el heroico gesto de Maceo,

Por la dulce memoria de Martí.

En nuestra sangre hierve el hado azaroso

De las generaciones que todo lo brindaron,

En nuestros brazos se alzan los sueños clamorosos

Que vibran en el alma superior del cubano

Ya estamos en combate......

En nombre de las madres y de los hijos de nuestra tierra heroica

En nombre del honor y del decoro que construyó su historia

Por la estrofa magnífica del himno

«Que morir por la patria es vivir»

La libertad anida entre los pechos de los que viven hombres

Y por verla en la estrella solitaria es un honor luchar

A la generación del centenario le caben los honores,

De construir la patria que soñara el Maestro Inmortal.

Ya estamos en combate...... ¡Adelante!

Adelante hasta el nido superior de la gloria

Para que nazca en esta nueva aurora

La república digna y decorosa

Que fue el último anhelo de Chibás.

No importa que en la lucha caigan más héroes dignos

Serán más culpa y fango para el fiero tirano

Cuando se ama a la patria como hermoso símbolo

Si no se tiene armas se pelea con las manos.

Ya estamos en combate...... ¡Adelante!

De nuestra lucha heroica depende la Cuba verdadera

La de furia loca de Gómez y Agramonte...

La de la lucha pura de Mella y de Guiteras...

Adelante, Cubanos...... ¡Adelante!

Por nuestro honor de hombres ya estamos en combate

Pongamos en ridículo la actitud egoísta del Tirano

Luchemos hoy o nunca por una Cuba sin esclavos

Sintamos en lo hondo la sed enfebrecida de la patria

Pongamos en la cima del Turquino la Estrella Solitaria.


Julio de 1953



Datos biográficos de raúl Gómez García

El 14 de diciembre de 1928, hace exactamente 82 años, nació en La Habana Raúl Gómez García. De no haber sido segada su existencia en la flor de la juventud, cuando apenas había vivido cinco lustros, seguramente este hombre hubiera podido desarrollar a plenitud sus ansias de libertad.

Su ideario se concretó en su labor como educador, en la que fue un modelo para los jóvenes maestros de hoy, y también en su accionar como combatiente frente a la dictadura de Fulgencio Batista.

En la quinta década del siglo Veinte, Raúl estudió Derecho, hasta el segundo año y también de Pedagogía —que no llegó a concluir— ambos en la Universidad de La Habana. En esa época trabajó como maestro en el colegio privado Baldor, uno de los más exclusivos de la capital, ubicado en la barriada del Vedado, al que solo iban alumnos pertenecientes a familias de amplios recursos económicos.

Aunque la dirección del centro educacional lo empleó por sus amplios conocimientos, no lo incorporó a la plantilla como personal fijo, pues los propietarios del plantel sabían de sus ideas en pro de los cambios sociales que necesitaba el país, que no eran precisamente las que ellos apoyaban. De esa forma, los dueños podían dejarle fuera cuando quisieran, sin que pudiera realizar ninguna reclamación.

Su pensamiento brilló también como poeta, entre los que se destacan dos. Uno de ellos fue hecho al cumplirse un siglo del nacimiento de José Martí y se titula: “Reclamo del Centenario” y lo encabeza con una dedicatoria “Al más digno de los cubanos”.

El domingo 26 de julio de 1953, fue un día trascendental en la historia de Cuba, pues los hechos ocurridos en aquella ocasión conmovieron al pueblo. El maestro y poeta habanero Raúl Gómez García fue uno de los 135 combatientes que participó en el asalto al cuartel Moncada y por indicación del joven abogado Fidel Castro, líder del Movimiento Revolucionario, redactó el Programa de la Revolución.

El documento destaca la esencia del ideario de la juventud cubana de la época, siempre dispuesta a dar todo su esfuerzo por cambiar la situación, que enturbiaba el ambiente social de entonces.

Pocas horas antes de partir hacia el cuartel Moncada, de Santiago de Cuba, Fidel Castro reunió a los asaltantes en la granjita Siboney, ubicada en las afueras de la ciudad, para ultimar detalles relacionados con las acciones que se producirían 26 de julio, el último de los tradicionales festejos del carnaval santiaguero de 1953.

A poco de partir hacia el histórico asalto al cuartel Moncada Raúl Gómez García dio a conocer el poema épico que lo inmortalizó, ante la Patria y sus compañeros, cuando dijo enardecido el poema épico titulado “Estamos en combate”, que dedicó a la gesta emancipadora donde perdió la vida, tal como señalara, “por su honor de hombre”.

A pesar de su corta existencia (1928-1953) el joven poeta y educador tuvo una amplia participación en las tareas revolucionarias. Con el seudónimo de “El Ciudadano” formó parte del grupo que editó el periódico clandestino titulado Son los Mismos, que a sugerencia de Fidel Castro adoptó luego el nombre de El Acusador.

También Raúl Gómez García se destacó por su valiente actuación en la gesta del 26 de Julio, momento en el que sufrió torturas, hasta ser asesinado horas después de concluir el combate, lo que le perpetúa en nuestra historia como “el poeta de la Generación del Centenario”.

martes, 17 de mayo de 2011

Algo de Alfonsina Storni


Por Yeter Palmero/TV Camagüey

Alfonsina Storni (1892- 1938) es una de las poetizas latinoamericanas a la que más recurro para comprender la evolución del pensamiento femenino en el Continente. Su obra junto a la de Delmira Agustini, Juana de Ibarborou y Gabriela Mistral marcó a inicios del siglo XX un modo de hacer; marcó la voz de las féminas en las letras.

Marilyn Bobes en el prólogo a la Antología Poética que de la autora publicase la Editorial Casa de las Américas en 2004 , comenta el valor de los libros La inquietud del rosal(1916), El dulce daño(1918), Irremediablemente(1919), Languidez(1920), Ocre (1925), Mundo de siete pozos (1934) y Mascarilla y trébol (1938).

Fragmentos de esta publicación nos muestran a Alfonsina tal cual fue.
La mañana del 25 de octubre de 1938 las aguas ferruginosas del Mar del Plata devolvieron a la orilla el cadáver de una mujer menuda, de 46 años, con los ojos claros y el rostro sereno. Aquella insigne ahogada había nacido también en el mar, pero el acontecimiento de su llegada al mundo aparece registrado en una pequeña aldea en la Suiza italiana conocida como Salla Capriesca. Nadie, sin embargo, se atrevería a negar su condición de Argentina a la mítica poetisa Alfonsina Storni, cuyas tempestuosas circunstancias vitales sobrepasan el estudio, en ocasiones superficial, de su obra literaria para convertirla en leyenda: su hipotética muerte por amor la ha transformado en símbolo de una esencia romántica que la propia autora intentó rechazar desesperadamente, aún cuando su denuedo no siempre se viera coronado por el éxito, y su público y gran parte de su crítica prefirieran- todavía hoy- resaltar aquella parte de su obra que refuerza su pertenencia a una estética fundamentada en las sublimaciones y la subjetividad.

El camino recorrido por la Storni de su primer libro- La inquietud del Rosal (1916)- hasta el último- Mascarilla y trébol (1938)- delata una batalla desesperada por liberarse de aquel «primer modo, sobrecargado de mieles románticas» del que tímidamente reniega en un prólogo realizado por una antología personal que el mismo año de su muerte voluntaria entregara a la editorial argentina Espasa- Calpe. Difícil propósito si se piensa que en aquellas primeras décadas de nuestro siglo, como también en el anterior, una mujer apenas podía acercarse a la literatura en tonos que desafiaran el orden establecido por el discurso patriarcal.

Características como la ironía, el desacato e incluso la intelectualización, eran patrimonio de un mundo exclusivamente masculino que solo se mostraba tolerante con las escritoras cuando estas asumían una función decorativa en los salones, declamando, entre los peplos griegos que dejaban traslucir sus encantos, la aceptación de su debilidad y de su sometimiento…

Dicen era Alfonsina mujer poco agraciada, infeliz en amores, madre soltera. Intelectuales como Jorge Luis Borges la acusaban de «chillona». Otros, que ensalzaban su primera etapa (la que cierra con el cuaderno Ocre, en 1925), reprochan a sus libros posteriores ser en exceso cerebrales.

Más que una exponente de la poesía femenina del modernismo o el postmodernismo o una vanguardia tardía, Alfonsina Storni es una fundadora. Su voz, nacida de la rebelión y del desacato, descuella por su autenticidad y su valentía en medio de tantos artificios y convenciones literarias y vitales. A ella tendremos que agradecerle el « acento extranjero» que la separa de las corrientes poéticas imperantes en las primeras décadas de nuestro siglo porque es en él precisamente donde las inquietudes femeninas laten con mayor fuerza y vehemencia desbrozando el camino.

Algunos de sus poemas
LA INQUIETUD DEL ROSAL
El rosal en su inquieto modo de florecer
Va quemando la savia que alimenta su ser.
¡Fijaos en las rosas que caen del rosal:
Tantas son que la planta morirá por este mal!
El rosal no es adulto y su vida impaciente
se consume al dar flores precipitadamente.

¿QUÉ DIRÍA?
¿Qué diría la gente, recortada y vacía,
Si en un día fortuito, por ultra fantasía,
Me tiñera el cabello de plateado y violeta,
Usara peplo griego, cambiara la peineta
Por cintillo de flores: miosotis o jazmines,
Cantara por las calles al compás de violines,
O dijera mis versos recorriendo las plazas
Libertando mi gusto de vulgares mordazas?

¿Irían a mirarme cubriendo las aceras?
¿Me quemarían como quemaron hechiceras?
¿Campanas tocarían para llamar a misa?

En verdad que pensarlo me da un poco de risa.

PRESENTIMIENTO
Tengo el presentimiento que he de vivir muy poco.
Esta cabeza mía se parece al crisol, purifica y consume.
Pero sin una queja, sin asomo de horror,
Para acabarme quiero que una tarde sin nubes,
Bajo el límpido sol,
Nazca de un gran jazmín una víbora blanca
Que dulce, dulcemente, me pique el corazón.

CAPRICHO
Escrútame los ojos, sorpréndeme la boca,
Sujeta entre tus manos esta cabeza loca;
Dame de beber, el malvado veneno
Que te moja los labios a pesar de ser bueno.

Pero no me preguntes, no me preguntes nada
De por qué lloré tanto en la noche pasada;
Las mujeres lloramos sin saber, porque sí:
Es esto de los llantos pasaje baladí.

Bien se ve que tenemos adentro un mar oculto,
Un mar un poco torpe, ligeramente estulto,
Que se asoma a los ojos con bastante frecuencia
Y hasta lo manejamos con una dúctil ciencia.

No preguntes, amado, lo debes sospechar;
En la noche pasada no estaba quieto el mar.
Nada más. Tempestades que las atrae y las lleva
Un viento que nos marca cada vez costa nueva.
Sí, vanas mariposas sobre jardín de Enero,
Nuestro interior es todo sin equilibrio y huero.
Luz de cristalería, fruto de carnaval
Decorado en escamas de serpientes del mal.
Así somos, ¿no es cierto? Ya lo dijo el poeta:
Movilidad absurda de inconsciente coqueta.
Deseamos y gustamos la miel de cada copa
Y en el cerebro tenemos un poquito de estopa.
Bien; no, no me preguntes. Torpeza de mujer,
Capricho, amado mío, capricho debe ser.
Oh, déjame que ría… ¿No ves qué tarde hermosa?
Espínate las manos y córtame una rosa.

SOY
Soy suave y triste si idolatro, puedo
Bajar el cielo hasta mi mano cuando
El alma de otro la alma mía enredo.
Pulmón alguno no hallarás más blando.

Ninguna como yo las manos besa,
Ni se acurruca tanto en un ensueño,
Ni cupo en otro cuerpo, así pequeño,
Un alma humana de mayor terneza.

Muero sobre los ojos, si los siento
Como pájaros vivos, un momento,
Aletear bajo mis dedos blancos.

Sé la frase que encanta y que comprende,
Y sé callar cuando la luna asciende
Enorme y roja sobre los barrancos.

LA OTRA AMIGA
Otra amiga me dice: - Las mujeres mentales
Perdedoras salimos en negocios de amores
Tenemos, ciertamente, muchos adoradores:
Buscan pequeños sorbos en caídas vestales.
Su corazón lo ponen no en las espirituales.

Que fatigan al cabo. Como cultivadores
Adoran lo que crean: piensan que las mejores
Son aquellas plegadas a sus modos carnales.

Las mujeres mentales son las plataformas:
Mejoramos los hombres, y pulimos sus normas,
Refinan en nosotras su instinto desatado.

Y cuando, ya cansadas de esperar, les pedimos
El corazón, en cambio del propio que le dimos,
Se lleva la que pasa lo que hemos adorado.

viernes, 18 de marzo de 2011

Poema Martí de Nicolas Guillen

Por Yeter Palmero/ TV Camagüey

¡Ah, no penséis que su voz
es un suspiro! Que tiene
manos de sombra, y que es
su mirada lenta gota
lunar temblando de frío
sobre una rosa.

Su voz
abre la piedra, y sus manos
parten el hierro. Sus ojos
llegan ardiendo a los bosques
nocturnos; los negros bosques.
Tocadle: Veréis que os quema.
Dadle la mano: Veréis
su mano abierta en que cabe
Cuba como un encendido
tomeguín de alas seguras
en la tormenta. Miradlo:
Veréis que su luz os ciega.
Pero seguidlo en la noche:
¡Oh, por qué claros caminos
su luz en la noche os lleva!

miércoles, 5 de enero de 2011

VERSOS SENCILLOS DE JOSÉ MARTÍ

AUTOR: JOSÉ MARTÍ

Yo soy un hombre sincero
De donde crece la palma.
Y antes de morirme quiero
Echar mis versos del alma.
Yo vengo de todas partes,
Y hacia todas partes voy:
Arte soy entre las artes,
En los montes, monte soy.
Yo sé los nombres extraños
De las yerbas y las flores,
Y de mortales engaños,
Y de sublimes dolores.
Yo he visto en la noche oscura
Llover sobre mi cabeza
Los rayos de lumbre pura
De la divina belleza.
Alas nacer vi en los hombros
De las mujeres hermosas:
Y salir de los escombros
Volando las mariposas.
He visto vivir a un hombre
Con el puñal al costado,
Sin decir jamás el nombre
De aquella que lo ha matado.
Rápida, como un reflejo,
Dos veces vi el alma, dos:
Cuando murió el pobre viejo,
Cuando ella me dijo adiós.
Temblé una vez –en la reja,
A la entrada de la viña.—
Cuando la bárbara abeja
Picó en la frente a mi niña.
Gocé una vez, de tal suerte
Que gocé cual nunca: --cuando
La sentencia de mi muerte
Leyó el alcalde llorando.

Oigo un suspiro, a través
De las tierras y la mar,
Y no es un suspiro, --es
Que mi hijo va a despertar.
Si dicen que del joyero
Tome la joya mejor
Tomo a un amigo sincero
Y pongo a un lado el amor.
Yo he visto al águila herida
Volar al azul sereno,
Y morir en su guarida
La víbora del veneno.
Yo sé bien que cuando el mundo
Cede, lívido, al descanso,
Sobre el silencio profundo
Murmura el arroyo manso.
Yo he puesto la mano osada
De horror y júbilo yerta,
Sobre la estrella apagada
Que cayó frente a mi puerta.
Oculto en mi pecho bravo
La pena que me lo hiere:
El hijo de un pueblo esclavo
Vive por él, calla, y muere.
Todo es hermoso y constante,
Todo es música y razón,
Y todo, como el diamante,
Antes que luz es carbón.
Yo sé que el necio se entierra
Con gran lujo y con gran llanto,--
Y que no hay fruta en la tierra
Como la del camposanto.
Callo, y entiendo, y me quito
La pompa del rimador:
Cuelgo de un árbol marchito
Mi muceta de doctor.

V

Si ves un monte de espumas,
Es mi verso lo que ves:
Mi verso es un monte, y es
Un abanico de plumas.
Mi verso es como un puñal
Que por el puño echa flor:
Mi verso es un surtidor
Que da un agua de coral.
Mi verso es de un verde claro
Y de un carmín encendido:
Mi verso es un ciervo herido
Que busca en el monte amparo.
Mi verso al valiente agrada:
Mi verso, breve y sincero,
Es del vigor del acero
Con que se funde la espada.

X

El alma trémula y sola
Padece al anochecer:
Hay baile; vamos a ver
La bailarina española.
Han hecho bien en quitar
El banderón de la acera;
Porque si está la bandera,
No sé, yo no puedo entrar.
Ya llega la bailarina:
Soberbia y pálida llega:
¿Cómo dicen que es gallega?
Pues dicen mal: es divina.
Lleva un sombrero torero
Y una capa carmesí:
¡Lo mismo que un alelí!
Que se pusiese un sombrero!
Se ve, de paso, la ceja,
Ceja de mora traidora:
Y la mirada, de mora:
Y como nieve la oreja.
Preludian, bajan la luz,
Y sale en bata y mantón,
La virgen de la Asunción
Bailando un baile andaluz.
Alza, retando, la frente;
Crúzase al hombre la manta:
En arco el brazo levanta:
Mueve despacio el pie ardiente.
Repica con los tacones
El tablado zalamera,
Como si la tabla fuera
Tablado de corazones.
Y va el convite creciendo
En las llamas de los ojos,
Y el manto de flecos rojos
Se va en el aire meciendo.
Súbito, de un salto arranca:
Húrtase, se quiebra, gira:
Abre en dos la cachemira,
Ofrece la bata blanca.
El cuerpo cede y ondea;
La boca abierta provoca;
Es un rosa la boca:
Lentamente taconea.
Recoge, de un débil giro,
El manto de flecos rojos:
Se va, cerrando los ojos,
Se va, como en un suspiro...
Baila muy bien la española;
Es blanco y rojo el mantón:
¡Vuelve, fosca a su rincón,
El alma trémula y sola!

XI

Yo tengo un paje muy fiel
Que me cuida y que me gruñe,
Y al salir, me limpia y bruñe
Mi corona de laurel.
Yo tengo un paje ejemplar
Que no come, que no duerme,
Y que se acurruca a verme
Trabajar, y sollozar.
Salgo, y el vil se desliza
Y en mi bolsillo aparece;
Vuelvo, y el terco me ofrece
Una taza de ceniza.
Si duermo, al rayar el día
Se sienta junto a mi cama:
Si escribo, sangre derrama
Mi paje en la escribanía.
Mi paje, hombre de respeto,
Al andar castañetea:
Hiela mi paje, y chispea:
Mi paje es un esqueleto.

XVIII

Es rubia: el cabello suelto
Da más luz al ojo moro:
Voy, desde entonces, envuelto
En un torbellino de oro.
La abeja estival que zumba
Más ágil por la flor nueva,
No dice, como antes, "tumba":
"Eva" dice: todo es "Eva".
Bajo, en lo oscuro, al temido
Raudal de la catarata:
¡Y brilla el iris, tendido
Sobre las hojas de plata!
Miro, ceñudo, la agreste
Pompa del monte irritado;
¡Y en el alma azul celeste
Brota un jacinto rosado!
Voy, por el bosque, a paseo
A la laguna vecina:
Y entre las ramas la veo,
Y por el agua camina.
La serpiente del jardín
Silva, escupe, y se resbala
Por su agujero: el clarín
Me tiende, trinando, el ala.
¡Arpa soy, salterio soy
Donde vibra el Universo:
Vengo del sol, y al sol voy:
Soy el amor: soy el verso!

XII

Estoy en el baile extraño
De polaina y casaquín
Que dan, del año hacia el fin,
Los cazadores del año.
Una duquesa violeta
Va con un frac colorado:
Marca un vizconde pintado
El tiempo en la pandereta.
Y pasan las chupas rojas;
Pasan los tules de fuego,
Como delante de un ciego
Pasan volando las hojas.

XLV

Sueño con claustros de mármol
Donde en silencio divino
Los héroes, de pie, reposan:
¡De noche, a la luz del alma,
Hablo con ellos: de noche!
Están en fila: paseo
Entre las filas: las manos
De piedra les beso: abren
Los ojos de piedra: mueven
Los labios de piedra: tiemblan
Las barbas de piedra: empuñan
La espada de piedra: lloran:
¡Vibra la espada en la vaina!:
Mudo, les beso la mano.
Hablo con ellos, de noche!
Están en fila: paseo
Entre las filas: lloroso
Me abrazo a un mármol: "Oh mármol,
Dicen que beben tus hijos
Su propia sangre en las copas
Venenosas de sus dueños!
Que hablan la lengua podrida
De sus rufianes! que comen
Juntos el pan del oprobio,
En la mesa ensangrentada!!
Que pierden en lengua inútil
El último fuego!: ¡dicen,
Oh mármol, mármol dormido,
Que ya se ha muerto tu raza!"
Échame en tierra de un bote
El héroe que abrazo: me ase
Del cuello: barre la tierra
Con mi cabeza: levanta
El brazo, ¡el brazo le luce
Lo mismo que un sol!: resuena
La piedra: buscan el cinto
Las manos blancas: del soclo
Saltan los hombres de mármol!

XLVI

Vierte, corazón, tu pena
Donde no se llegue a ver,
Por soberbia, y por no ser
Motivo de pena ajena.
Yo te quiero, verso amigo,
Porque cuando siento el pecho
Ya muy cargado y deshecho,
Parto la carga contigo.
Tú me sufres, tú aposentas
En tu regazo amoroso,
Todo mi ardor doloroso,
Todas mis ansias y afrentas.

Tú, porque yo pueda en calma
Amar y hacer bien, consientes
En enturbiar tus corrientes
En cuanto me agobia el alma.
Tú, porque yo cruce fiero
La tierra, y sin odio, y puro,
Te arrastras, pálido y duro,
Mi amoroso compañero.
Mi vida así se encamina
Al cielo limpia y serena,
Y tú me cargas mi pena
Con tu paciencia divina.
Y porque mi cruel costumbre
De echarme en ti te desvía
De tu dichosa armonía
Y natural mansedumbre;
Porque mis penas arrojo
Sobre tu seno, y lo azotan,
Y tu corriente alborotan,
Y acá lívido, allá rojo,
Blanco allá como la muerte,
Ora arremetes y ruges,
Ora con el peso crujes
De un dolor más que tú fuerte.
¿Habré, como me aconseja
Un corazón mal nacido,
De dejar en el olvido
A aquel que nunca deja?
¡Verso, nos hablan de un Dios
A donde van los difuntos:
Verso, o nos condenan juntos,
O nos salvamos los dos!

viernes, 24 de diciembre de 2010

Poema El Abuelo

Nicolas Guillen

Esta mujer angélica de ojos septentrionales,
que vive atenta al ritmo de su sangre europea,
ignora que lo hondo de ese ritmo golpea
un negro al parche duro de roncos atabales.

Bajo la línea escueta de su nariz aguda,
la boca, en fino trazo, traza una raya breve,
y no hay cuervo que manche la solitaria nieve
de su carne, que fulge temblorosa y desnuda.

¡Ah, mi señora! Mírate las venas misteriosas;
boga en el agua viva que allá dentro te fluye,
y ve pasando lirios, nelumbios, lotos, rosas;

que ya verás, inquieta, junto a la fresca orilla
la dulce sombra oscura del abuelo que huye,
el que rizó por siempre tu cabeza amarilla.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Sábado


Me levanté temprano y anduve descalza
por los corredores: bajé a los jardines
y besé las plantas
absorbí los vahos limpios de la tierra,
tirada en la grama;me bañé en la fuente que verdes achiras
circundan.

Más tarde, mojados de agua
peiné mis cabellos. Perfumé las manos
con zumo oloroso de diamelas. Garzas
quisquillosas, finas,
de mi falda hurtaron doradas migajas.

Luego puse traje de clarín más leve
que la misma gasa.

De un salto ligero llevé hasta el vestíbulo
mi sillón de paja.
Fijos en la verja mis ojos quedaron,
fijos en la verja.

El reloj me dijo: diez de la mañana.
Adentro un sonido de loza y cristales:
comedor en sombra; manos que aprestaban
manteles.

Afuera, sol como no he visto
sobre el mármol blanco de la escalinata.
Fijos en la verja siguieron mis ojos,
fijos. Te esperaba.

Alfonsina Storni.

jueves, 14 de octubre de 2010

Uno de mis poemas preferidos

Descubrí estos versos por un colega en la redacción de tv camagüey, desde entonces están entre mis preferidos. Besos de Gabriela Mistral

Hay besos que pronuncian por sí solos
la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada
hay besos que se dan con la memoria.

Hay besos silenciosos, besos nobles
hay besos enigmáticos, sinceros
hay besos que se dan sólo las almas
hay besos por prohibidos, verdaderos.

Hay besos que calcinan y que hieren,
hay besos que arrebatan los sentidos,
hay besos misteriosos que han dejado
mil sueños errantes y perdidos.

Hay besos problemáticos que encierran
una clave que nadie ha descifrado,
hay besos que engendran la tragedia
cuantas rosas en broche han deshojado.

Hay besos perfumados, besos tibios
que palpitan en íntimos anhelos,
hay besos que en los labios dejan huellas
como un campo de sol entre dos hielos.

Hay besos que parecen azucenas
por sublimes, ingenuos y por puros,
hay besos traicioneros y cobardes,
hay besos maldecidos y perjuros.

Judas besa a Jesús y deja impresa
en su rostro de Dios, la felonía,
mientras la Magdalena con sus besos
fortifica piadosa su agonía.

Desde entonces en los besos palpita
el amor, la traición y los dolores,
en las bodas humanas se parecen
a la brisa que juega con las flores.

Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien son besos míos
inventados por mí, para tu boca.

Besos de llama que en rastro impreso
llevan los surcos de un amor vedado,
besos de tempestad, salvajes besos
que solo nuestros labios han probado.

¿Te acuerdas del primero...? Indefinible;
cubrió tu faz de cárdenos sonrojos
y en los espasmos de emoción terrible,
llenaron sé de lágrimas tus ojos.

¿Te acuerdas que una tarde en loco exceso
te vi celoso imaginando agravios,
te suspendí en mis brazos... vibró un beso,
y qué viste después...? Sangre en mis labios.

Yo te enseñe a besar: los besos fríos
son de impasible corazón de roca,
yo te enseñé a besar con besos míos
inventados por mí, para tu boca.

Leal Cuba

Eusebio Leal Spengler , luchador incasable en pro de la conservación del Patrimonio Nacional Cubano material e inmaterial, y en especial de...