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jueves, 28 de febrero de 2013

El Che y la crítica desde el socialismo cubano

Ernesto Che Guevara es uno de los nombres fundamentales en la historia del pensamiento revolucionario cubano. Y es uno de los más prominentes marxistas que participaron desde el Tercer Mundo en el proceso de universalización de esa concepción teórica revolucionaria. Los dos títulos que se presentan aquí hoy son de una enorme importancia para el conocimiento de la concepción revolucionaria marxista del Che.
He analizado su pensamiento en numerosos escritos e intervenciones desde hace décadas. Entonces, dedicaré la mayor parte de mis palabras a un aspecto de la concepción teórica del Che que está muy desarrollado en Apuntes críticos a la Economía Política, pero también está siempre presente en Retos de la transición socialista en Cuba (1961-1965).

No es posible valorar ni sacarle mucho provecho a un pensamiento específico sin conocer en alguna medida sus presupuestos ―tanto en lo concerniente al mundo en que se elaboró como a la persona que lo hizo— y el lugar que ocupó ese pensamiento respecto a las situaciones y los problemas fundamentales de su época. Enumero cuatro aspectos del momento histórico al que pertenecen estos dos libros: el triunfo del socialismo cubano; el tiempo en que ese socialismo fue retado por el estado del pensamiento existente en un país capitalista neocolonizado en el cual comenzaba una Revolución muy profunda; las necesidades, el desarrollo y los conflictos propios de esa Revolución en el poder durante su primera etapa (la que va de 1959 a inicios de los años 70); y el conjunto de sus condicionamientos internacionales.

Las tres revoluciones cubanas sucedidas entre 1868 y 1935 habían exigido complejizaciones de la hegemonía de la dominación que permitieran su reformulación eficaz en cada etapa posrevolucionaria. Una consecuencia importante fue la incongruencia entre la estructura económico-social y las dimensiones política e ideológica, que llegó a ser muy fuerte durante la segunda república burguesa neocolonial (1936-1958). Se estableció un delicado equilibrio dirigido a que nunca más hubiera una Revolución en Cuba, pero conllevaba el riesgo de que si esta sucediera, se vería obligada a ser muy radical. Por ejemplo, el democratismo era más influyente que el liberalismo. Estaba muy extendida la creencia en que grandes jornadas cívicas y la adopción de nuevas leyes podrían satisfacer las necesidades de cambios de la sociedad. La palabra revolución era muy utilizada, pero las organizaciones políticas ―incluida la declaradamente socialista— no se proponían utilizar esa vía para abatir el dominio del imperialismo y el capitalismo nacional. El movimiento revolucionario insurreccional dirigido por Fidel tuvo que abocarse en la práctica a la victoria para que el socialismo perteneciente al movimiento comunista internacional admitiera esa posibilidad.
La Revolución socialista de liberación nacional que triunfó en 1959 tuvo ese carácter por la praxis organizada y conciente que lo conquistó, no a consecuencia de características de la estructura económica y social del país. Ese segundo choque con los principios de la teoría-ideología del socialismo guiado por la Unión Soviética y el movimiento comunista de su campo ―la corriente mayor y más influyente del socialismo en el mundo—, pronto fue seguido por otros. Se fue haciendo obvio que, además de ser un evento trascendental por su inmenso alcance y por haber sido inconcebible, que conquistó la liberación nacional y social del país, estableció un poder popular fortísimo y enfrentó con éxito las agresiones de EE.UU., la Revolución cubana constituía una herejía dentro del campo de las experiencias y las ideas socialistas.
Para comprender estos eventos y sus consecuencias es preciso reconocer la existencia de dos formas de socialismo en Cuba, que se iniciaron desde la tercera década del siglo XX y han tenido una historia de contradicciones y conflictos, y también de coexistencias y colaboraciones. Esas dos formas son el socialismo proveniente del movimiento comunista internacional y el socialismo cubano.

Fidel consumó su liderazgo completo en las jornadas de la fase inicial de la Revolución en el poder, y desde entonces ha sido siempre el máximo guía político e ideológico del proceso. El Che se mantuvo siempre junto con Fidel y siguiendo su liderazgo, y compartió con él la colosal aventura de la Revolución. En el transcurso de aquellos años, Fidel debió asumir sobre todo las funciones de dirigente máximo y de educador popular, y el Che, que desempeñó un cúmulo de responsabilidades prácticas en numerosos terrenos, elaboró al mismo tiempo en aquellos años una obra teórica que es el más importante monumento intelectual de la Revolución en su primera etapa, obra que por su alcance ha resultado muy trascendente para la estrategia y el proyecto cubano, hasta el día de hoy y en el futuro que alcanzo a pensar.
El aspecto del pensamiento del Che al que voy a referir es el de su crítica al socialismo que llamaban “realmente existente”, crítica que evolucionó y se hizo cada vez más dura y fundamentada. Al hacerla, el Che procedió con arreglo a su responsabilidad militante y de dirigente cubano.
Las experiencias procedentes de las nuevas relaciones económicas con socios tan lejanos en muchos sentidos tenían que contener insatisfacciones, incomprensiones y prejuicios, pero también críticas provenientes de la diferencia de posiciones respecto a las cuestiones económicas y el socialismo. En octubre de 1963, al planear un seminario para los cuadros del Ministerio de Industrias, Che orienta relacionar y comparar los sistemas de dirección. Comenta que hay que estudiar las relaciones entre el sistema de dirección y los problemas económicos y las concepciones de los países socialistas. Encerrarse en una “falsa concepción de la ley del valor”, dice, les hizo perder contacto con el mundo exterior. La productividad mundial dejó atrás a los otros países socialistas que, a diferencia de la URSS, dependían del comercio exterior.1
Se produce una lucha continua entre los aparatos centrales y las empresas, dice el Che, porque estas buscan tener metas menores para sobrecumplir fácilmente o no arriesgarse a incumplimientos; su éxito consiste en obtener mayores premios. “Se está estableciendo entre el aparato central y la Empresa una contradicción que no es socialista, una contradicción que atenta contra el desarrollo de la conciencia”. Los dirigentes de empresas socialistas se van convirtiendo así en expertos en engañar al Estado, deformándose como individuos, y ante el obrero la imagen del buen dirigente es la del que “sabe” organizar para “sobrecumplir” siempre.
En julio de 1964, mientras culmina el debate económico público, Che ofrece una visión de conjunto del problema a sus compañeros de Industrias. En la URSS se prepara la reforma económica, en medio de discusiones que condujeron a la destitución, en octubre, de Nikita Jruschov; en los países europeos de su campo se habla mucho también de la reforma. Toma un ejemplo reciente que ha estudiado, los análisis del 14º Congreso del partido polaco acerca de graves deficiencias de la economía y cómo enfrentarlas. La utilización del cálculo económico en un país que ya antes había descolectivizado su agricultura no logra evitar males de todo tipo, incluidos algunos que parecerían propios de un modelo muy autoritario, pero “la solución que se le piensa dar a estos problemas en Polonia es el libre fuero de la Ley del Valor, es decir, la vuelta al capitalismo (…) el cálculo económico, cuando llega, como debe llegar, a un callejón sin salida, conduce por la lógica de los hechos a tratar de resolverlo por el mismo sistema, aumentar el estímulo material, la dedicación de la gente específicamente a su interés material y por ahí al libre fuero de la Ley del Valor. Y por ahí al surgimiento en cierta manera de categorías estrictamente capitalistas (…) Polonia lo está probando y creo que también van a probarlo otros países socialistas”.

Che reclama que se eviten excesos en la crítica, y que no se subestimen la capacidad técnica, el empeño y la voluntad de acertar de numerosos involucrados en los países del socialismo europeo. Pero denuncia de manera categórica la apelación a tomar “como arma para luchar contra el capitalismo, las armas del capitalismo”. Las motivaciones de “la sociedad donde la filosofía es la lucha del hombre contra el hombre, de los grupos contra los grupos y la anarquía de la producción” no podrán ser despertadas y utilizadas eficazmente para servir a una sociedad basada en el poder socialista. Esta exige control riguroso y conciente, “la colaboración entre todos los participantes como miembros de una gran empresa (el conjunto de la economía), en vez de ser lobitos entre sí dentro de la construcción del socialismo”.
Opina que en vez de ir al fondo de los problemas, la práctica y el pensamiento de estos socialistas se dejan llevar a la seguridad aparente de acudir a lo ya probado. Las reformas pueden relucir como “descubrimientos” que remediarían la falta de motivaciones suficientes en los actores económicos y lograrían la subordinación de la producción para el consumo a las demandas de sus consumidores, relacionar la rentabilidad con la venta del producto, etcétera. Esos experimentos y ensayos de política económica son, sin embargo, remedos de lo que el capitalismo hace eficazmente, porque lo universaliza y porque corresponde a las relaciones fundamentales de su sistema. Existe una lógica que caracteriza a cada sociedad: si la olvidamos, pagaremos un precio muy caro.
Por otra parte, Che invita a no olvidar nunca la situación concreta de la cual ha partido Cuba en su transición socialista. No somos ilusos, advierte, estamos tratando de edificar efectivamente el socialismo “saliendo de una etapa semicolonial… de todos los vicios, de todas las taras que nos dejó el capitalismo, con la misma gente, con todos nosotros con mentalidad capitalista, hace unos años pensando siempre cuánto íbamos a ganar”. La debilidad que padece Cuba no debe atribuirse a la utilización de un sistema financiero determinado: “son debilidades de una economía que ha cambiado su composición, su característica”.
El Che insiste, incansable, en desbaratar la imputación que se hace a sus ideas de mantener un desprecio “idealista” por el interés material, un simplismo que busca devaluarlas y rehuir la discusión. Nadie en sus cabales desconoce la fuerza y el arraigo del interés material, instalado a lo largo de la historia de las sociedades de dominación y multiplicado y refuncionalizado por el capitalismo. La elección está entre utilizarlo llana y acríticamente ―aunque se lamente que sea nocivo—, o utilizarlo como un mal necesario, sin depender de él. Ser creativo desde la situación concreta e inevitable, y organizar un proceso de erradicación paulatina de los comportamientos económicos egoístas e individualistas. Ir forjando otro mundo de actuaciones y valores, que pueda reunir diferentes estímulos, implantar la norma que en nombre del deber social reconoce o reprocha, al mismo tiempo que retribuye o no a partir del grado de cumplimiento, o el estímulo a la capacitación dado por su conversión en requisito para pasar a un nivel superior. Instrumentos como los citados, dice el Che, persiguen la toma de conciencia de tipo mecánico en el individuo; hay que perseguir, a la vez, la toma de conciencia de tipo dinámico, una de cuyas formas fundamentales es el trabajo voluntario.
La creación de otra realidad desde la existente, sin lo cual no hay revolución socialista, tiene que incluir el espíritu crítico, fomentar la independencia de los criterios y la capacidad de pensar y valorar con cabeza propia, y aprender a distinguir los caminos, sus implicaciones y sus resultados.  Es impresionante la vitalidad y la hondura alcanzados por aquel análisis teórico que permitía, en medio de la tormenta de la Revolución, señalar los graves peligros de copiar mecánicamente y no ver las deficiencias del socialismo existente, y salirle al paso a la resignación a lo que existe, la rutina y el seguidismo. El Che aprendió ―al mismo tiempo— a reflexionar sobre la circunstancia en curso, la actuación inmediata, los métodos y los fines mediatos, y a teorizar acerca de los asuntos fundamentales.
En textos no públicos, el Che expuso más libremente sus juicios. Consideraba que la URSS había comprometido de manera fatal el futuro de su transición socialista cuando convirtió en permanente la Nueva Política Económica que el país se había visto obligada a adoptar en medio de una crisis interna terrible, poco después del final de la Guerra Civil. Esa conclusión la extrajo de sus profundos estudios del proceso de los primeros años del poder soviético y el pensamiento de Lenin y otros bolcheviques. En los meses que siguieron a la retirada del Congo ―el tiempo en que permaneció en Tanzania y Praga— escribió mucho, ordenó y expuso ideas y organizó numerosos textos. Un trabajo fundamental de ese periodo son estos Apuntes críticos a la economía política. Más de doscientos comentarios del Che a la más reciente edición del Manual de Economía Política, texto docente oficial soviético, constituyen el núcleo central del libro, que reúne también un gran número de textos del Che, casi todos procedentes de sus cuadernos de notas, su correspondencia y la transcripción de grabaciones. La gran mayoría permanecía inédita.
El Che ―que admiraba a Lenin tanto como el que más— entró resueltamente a analizar los hechos y las posiciones dentro de la Revolución y la Rusia bolchevique, en busca de las experiencias y el conocimiento. Lo cierto, escribe, es que en 1921-1922 el país fue pasando “a las relaciones de producción que configuran lo que Lenin llamaba capitalismo de estado, pero que en realidad también puede llamarse capitalismo premonopolista en cuanto al ordenamiento de las relaciones económicas.” Con la muerte de Lenin, dice, “se pierde el riquísimo acervo de su pensamiento revolucionario y queda el reflejo de su postrer impulso por el camino de la retirada”.
La confrontación principal que existe en el mundo no es en modo alguno la que repiten las declaraciones y los organismos de la URSS y el movimiento comunista, con sus supuestas tres fuerzas revolucionarias: primera, el llamado sistema socialista mundial; segunda, el proletariado de los países capitalistas desarrollados; y tercera, las luchas por la independencia y la democracia nacional en el Tercer Mundo. En realidad, dice el Che, el imperialismo no agoniza: “ni siquiera ha aprovechado al máximo sus posibilidades en el momento actual y tiene una gran vitalidad (…) La tendencia es a invertir capitales propios en el aprovechamiento de las materias primas o en la industria ligera de los países dependientes.” La aguda competencia en su seno “provoca una incesante marea de innovaciones técnicas…”
De la unión entre los proletarios a escala mundial proclamada por las declaraciones, dice: “Falso de toda falsedad. No hay punto de contacto entre las masas proletarias de los países imperialistas y los dependientes; todo contribuye a separarlos y crear antagonismos entre ellos (…) el oportunismo ha ganado una inmensa capa de la clase obrera de los países imperialistas.” Sobre las revoluciones: “También es falso que el proletariado (…) sea el que cumpla el papel dirigente en la lucha de liberación en la mayoría de los países semicoloniales”. Ya no se puede admitir la idea de que la burguesía nacional sea un factor progresivo en las luchas revolucionarias: “La lucha contra la burguesía es condición indispensable de la lucha de liberación, si se quiere arribar a un final irreversiblemente exitoso”.

Al salir del Congo y verse obligado a esperar, Che se entrega a una tarea que constituye el inicio de una nueva fase de su obra. Siente la necesidad de llegar a conclusiones sobre el socialismo realmente existente, asunto crucial para todos en el mundo, y también de ofrecer una alternativa desde las ideas de los revolucionarios marxistas de los países que han sufrido o sufren el colonialismo y el neocolonialismo, que ahora quieren pelear por la liberación total de las naciones y de las personas, y por el avance de la revolución mundial. “Es un grito dado desde el subdesarrollo”, escribe en “La Necesidad de este libro”, breve introducción para los Apuntes que contiene planteamientos trascendentales. Se refiere en ella a la obra monumental que dio origen al marxismo, las nuevas situaciones de la época imperialista, los aportes extraordinarios de Lenin y la detención ulterior del desarrollo de la teoría marxista. Enseguida expone las razones por las cuales hace la crítica de la Economía Política:
Creemos importante la tarea porque la investigación marxista en el campo de la economía está marchando por peligrosos derroteros. Al dogmatismo intransigente de la época de Stalin ha sucedido un pragmatismo inconsistente. Y, lo que es trágico, esto no se refiere solo a un campo determinado de la ciencia; sucede en todos los aspectos de la vida de los pueblos socialistas, creando perturbaciones ya enormemente dañinas, pero cuyos resultados finales son incalculables (…) Nuestra tesis es que los cambios producidos a raíz de la NEP han calado tan hondo en la vida de la URSS que han marcado con su signo toda esta etapa. Y sus resultados son desalentadores: la superestructura capitalista fue influenciando cada vez en forma más marcada las relaciones de producción, y los conflictos provocados por la hibridación que significó la NEP se están resolviendo hoy a favor de la superestructura. Se está regresando al capitalismo.
Che espera serenamente el repudio a su posición y la acusación de anticomunismo y oportunismo, el rechazo de los que se sentirán heridos en su cariño y su lealtad, y también el sobresalto sincero de otros “ante este cúmulo de razones nuevas y diferentes”. Pero confía en que muchos podrán sentirse atraídos por este “intento de retomar la buena senda”. A ellos se dirige el libro, “y también a la multitud de estudiantes cubanos que tienen que pasar por el doloroso proceso de aprender ‘verdades eternas’ en las publicaciones que vienen, sobre todo, de la URSS, y observar cómo nuestra actitud y los repetidos planteamientos de nuestros dirigentes se dan de patadas con lo que leen en los textos”.
Un largo camino había recorrido Ernesto Guevara en una década. La Revolución había sido su maestra. En la guerra y desde el poder revolucionario se desarrolló su estatura como combatiente, dirigente y pensador, y ahora él ―como reclamara Lenin 60 años antes— debía, en justo pago, enseñarle algo a la Revolución. Y lo logró. La aventura socialista de un pequeño país aislado producía un pensamiento capaz de continuar el trabajo excepcional mediante el cual Carlos Marx había encontrado ideas capaces de subvertir el control de las ideas de la sociedad por la clase dominante. Che escribió: “nosotros aportamos nuestro modesto granito de arena”. Y a los compañeros cercanos más estudiosos les pidió componer un “manual” cubano. Pensó seguramente que los que compartían su posición continuarían la campaña de difusión de las actitudes y las ideas más revolucionarias, que con tanto ardor y sistematicidad él llevó a cabo en su última etapa en Cuba.
El acierto y el alcance de los planteamientos del Che acerca de la esencia y el destino del socialismo realmente existente solo se comprobaron 25 años después. Pero cuando hacia el final del siglo pareció que todo lo logrado por la humanidad se perdería, incluso la esperanza, el Che regresó. Celebramos ese regreso, que evidencia la resistencia de los pueblos y el valor permanente de las ideas y del ejemplo. Sin embargo, el pensamiento del Che siguió encontrando escollos y ha tenido que ir ganando espacios paulatinamente. Uno de esos avances es esta labor de establecimiento, organización y edición tan tenaz y tan importante, que va entregando uno tras otros textos suyos, palabras que son luces y armas para el entendimiento y para la acción, tan necesarios frente a los desafíos actuales.
 
Palabras en la presentación de los libros de Ernesto Che Guevara Apuntes críticos a la Economía Política y Retos de la transición socialista en Cuba (1961-1965), de la Editorial de Ciencias Sociales del Instituto Cubano del Libro, durante la 22 Feria Internacional de Libro de La Habana, en La Cabaña, 18 de febrero de 2013. La compilación y selección de ambas obras ―que aparecieron por primera vez en 2006 y 2009 respectivamente— estuvo a cargo de la Dra. María del Carmen Ariet García, del Centro de Estudios Che Guevara. 

Tomado de CubaDebate

miércoles, 10 de octubre de 2012

El agente ruso que conoció al Che

(Tomado de CubaDebate)

En 1956, Nikolai Leonov no era todavía un Teniente General, ni mucho menos un agente de inteligencia. Entonces, Ernesto Guevara todavía no era el Che. Ambos jóvenes se conocieron en México, cuando Nikolai estudiaba español en la Universidad Autónoma de México (UNAM). Toda una vida después, el ahora ex diputado Leonov, de 84 años, habla de sus recuerdos sobre el Che. Lo que podría llamar “la dimensión histórica” de esa figura tal vez obligó a este militar a hablar del Che sin hacer mucho hincapié en el jóven que conoció en la capital mexicana.

Leonov describe al Che como una figura sobrecogedora, “la personificación de los tipos míticos y literarios que siempre han tocado la fibra sensible de la gente.” En una entrevista concedida a la agencia rusa RIA Novosti y publicada el 9 de octubre de 2012, el antiguo agente de la KGB compara al Guerrillero Heroico con Cristo y el Quijote.

Respecto a sus encuentros posteriores, Leonov dijo que el Che estaba impresionado por la reacción de la Unión Soviética ante la Revolución Cubana, en particular por la disposición del gobierno socialista de Moscú, encabezado por Nikita Jruschov, a ofrecer ayuda. En defensa de las leyendas negras construidas alrededor de la imagen de Guevara, afirma que “nadie que lo conociera podría pensar en un momento en que Che Guevara fuera cruel.”

También recordó la ocasión en que el Guerrillero Heroico viajó a Moscú en una misión comercial para conseguir mercado para las 2 millones de toneladas de azúcar que Estados Unidos no compraría después del cese de las relaciones con Cuba.

En el contexto de un mundo donde la imagen del Che aparece en las manifestaciones de las “Revoluciones de Color”, ocurridas en el Oriente Medio, en el espacio post-soviético o en Europa del Este, Leonov dice que sería incorrecto comparar el internacionalismo de su amigo Guevara con las revueltas promovida por Estados Unidos.

“Ninguno de los que están organizando las Revoluciones de Color lloran al ver la angustia de otros pueblos, el Che Guevara sí lo hizo. Por eso fue al Congo, a Bolivia y Cuba.”

Leonov cree que Estados Unidos actuó de prisa para deshacerse del Che, al verlo como un “peligro colosal, más grande que una bomba nuclear lanzada sobre territorio estadounidense. Su imagen todavía acosa a los EE.UU.”
(Traducción de Javier Ortiz de RiaNovosti en inglés)

El Che y octubre

Octubre es un mes en el que obligatoriamente recuerdo al Che, siempre con la certeza de que está en todas partes, de que ha perdurado en el tiempo entre nosotros como  guía infalible de justicia...Por eso comparto las siguientes líneas tomadas de Cubadebate, con las que me identifico plenamente...

Nueve de octubre

Cuando yo nací, el Che Guevara ya estaba muerto y su retrato había aparecido en la portada de la revista Life. Hay, ciertamente, pocos rostros tan impresionantes como los rostros de este hombre. Contadas imágenes o palabras provocan una compresión y un sobrecogimiento semejantes a los que sobrevienen con esas fotografías en las que siempre, sea en una posición u otra, en este o en aquel país, como un secreto que no resiste más, se deja ver la estampa misma de la sugestión.

Perdonen la confidencia, pero yo he llegado a su persona desde los terrenos más pueriles, desde las situaciones menos épicas. En caso de que quieran decir algo, ¿qué es lo que dicen los rostros del Che? ¿Hacia dónde, por ejemplo, miraba aquella tarde de 1960 en que Korda lo tomó desprevenido y lo incrustó con fiereza en todas las banderas y todos los pulóveres del mundo?

Los sucesos de La Coubre complementan las connotaciones dramáticas que por sí solas se desprenden de su cara, y hacen que olvidemos algo. El Che observaba los cadáveres, el mar de cubanos rabiosos, el hecho consumado y sin retroceso, el hombre envuelto en el vertiginoso remolino de la historia, el paso del tiempo, las víctimas como causa, pero también como azar, y así, sin que hayamos reparado nunca, la inmanencia le viene porque no mira la guerra con la gravedad o la cercanía de los estadistas, sino con la gravedad o la cercanía de los poetas. El Che era el Che, y era, además, Byron.

Hoy no. Hoy es otra cosa. Y esa condición oblicua no es exactamente la que prende en los eternos rebeldes, en las descafeinadas barricadas contemporáneas, en los adolescentes incendiarios. Los héroes corren dos riesgos gravísimos, siempre latentes. Primero: el hecho de sobrevivir a su propia heroicidad. Segundo: el hecho de no sobrevivirla. Primero: el hecho de que se les mitifique en vida. Segundo: el hecho de que se les mitifique en muerte. Todos los mitos son malos arquetipos de mitos anteriores, los cuales, a su vez, fueron reproducidos sobre el mito de Prometeo, tan falaz.

Los grandes hombres no son grandes hombres. Sus actos íntimos son comunes. Sus actos públicos y sus actos históricos también. Pero tampoco son sujetos de esquina. (No dejen, estudiantes, que los engañen con ninguna de estas farsas.) El Che recorre el continente en moto, y no podía sospechar, tan muchacho como era, que ese viaje era un viaje sin retroceso, un trayecto sin fin. En primera instancia, recorrer Latinoamérica es una acción natural que muchos otros han hecho antes y después.

El Che no sabrá nunca que terminará en México y, por más que se lo haya pensado madrugadas enteras, no sabrá tampoco cómo es que cae en la Sierra Maestra, y después en La Habana, y luego en la ONU, y más tarde en el Congo, y Europa del Este, y de nuevo La Habana, y casi finalmente Bolivia, y por último la muerte, y con la muerte el símbolo que es. Así como otros entran al ruedo del crimen, o de la diplomacia, o del aburrimiento, en algún momento el Che Guevara entró al ruedo de las epopeyas. Un ruedo, en esencia, igual a los demás. Si el crimen cambia la vida de unos pocos, la diplomacia la vida de nadie, y el aburrimiento la vida personal, las epopeyas cambian la vida de millones de personas, y esa es, visto así, la única diferencia, puramente cuantitativa.

Sin embargo, hay otro rasgo distintivo: el rasgo poético. Que no se define en los hechos, sino en el pensamiento. No se define en subir al Granma, sino en la decisión de subir al Granma. No se define en irse a Bolivia, sino en convencerse de que es imprescindible irse a Bolivia, y que para ello tan solo se cuenta con lo que cuenta el resto. Es decir, un cuerpo y un ideal (todos tenemos un ideal, por mezquino que sea). Que tus actos individuales tengan una finalidad colectiva es la verdadera distinción de estos hombres. Entender el destino de la humanidad como tu destino. O darle, en suma, esa explicación.

Lo que hace héroe al héroe es la completa disposición hacia empresas que rebasan sus límites físicos de sujetos normales. Lo que los hace sujetos normales es que a pesar de subordinar la realidad a pretensiones impensadas por el resto, no pueden hacer otra cosa que iniciar las revoluciones de cero, paso a paso, casi inconscientemente, con la misma inexplicable y ordinaria secuencia que alguien comienza un libro, o planifica un atraco, o termina una casa. ¿En qué momento justo los héroes se convierten en héroes? En ninguno. No hay, a pesar de las efemérides, momentos justos. Los héroes se convierten en héroes en el momento que se explican poéticamente. ¿Qué hay, pues, más épico que un poeta? Pero también, ¿qué hay más absurdo?
El asesinato del Che marca el fin de una época, y no deja de ser un acto ejecutado por un rapaz subalterno, un gatillo llevado hacia atrás por un don nadie. Cuando se mitifiquen las ideas, siempre tan férreas, y no los hechos, siempre tan manipulables, entenderemos a plenitud esa aparente contradicción.

La retórica pública establece un orden falso, lleno de imprecisiones y alarmantemente vacío de luminosos detalles. Tres mínimas escenas hacen que para mí el resto de la vida del Che adquiera las connotaciones que supuestamente se pide que tenga. Las tres son en los meses finales de su vida.

La primera cuando le dice a Aleida March, antes de irse para Bolivia, que eso es lo único que le puede dejar, lo único íntimamente suyo. ¿Qué? Una cinta con su voz, donde se escucha un poema de Vallejo y otro de Neruda. Pensemos en todo lo que el Che ha vivido, pensemos en el hombre que se ha ido convirtiendo, en todo lo que ha viajado y en toda la política internacional que ha hecho. Y pensemos luego en cómo lo único íntimamente suyo son esos versos escritos por otros, a esas alturas escritos por nadie.
La segunda ya en Bolivia, en plena guerrilla, cuando se aparta y trepa en un árbol y se roba tiempo para revisar un libro.

Y la tercera, escena que no aparece en ningún lugar, y que no es la fotografía bíblica con ojos entrecerrados de la revista Life, son esos segundos finales en los que el Che yace amarrado en un piso de tierra, de una casa presumiblemente de adobe, sucio, barbudo, en el corazón de la selva sudamericana, definitivamente por el suelo sus utopías, segundos en los que el mundo lo ha dejado solo, segundos en los que no recibe los aplausos de la Asamblea General, segundos durante los cuales nadie marcha por ninguna ciudad con su rostro en ninguna bandera, segundos en los que nadie llega y paga unos dólares y dice hágame el favor de tatuarme al Che Guevara, segundos en los que adelgaza considerablemente, pero no sufre hambre, segundos en los que sueña, en los que se vuelve intermitente y duro como una roca, en los que ni siquiera descubren sus huesos, en los que su guerrilla ya no existe, en los que piensa en Rosario o en sus hijos o, tal como aseguró, en Cuba, aun cuando no sepamos si en verdad lo hizo, segundos en los que sabe que va a morir a manos de vulgares soldados y sabe además que no existe ninguna escapatoria.

Nada de esto lo he aprendido en los oradores de devoción gratuita. El Che es el único muerto que no me parece muerto, pero que duele como si lo acabaran de rematar.

jueves, 14 de junio de 2012

Recuerdan en Bolivia aniversario del natalicio de Ernesto Che Guevara

La Paz, 14 jun (PL) El aniversario 84 del natalicio del legendario comandante argentino-cubano Ernesto Che Guevara (1928-1967) será conmemorado hoy con un acto en el Palacio de Comunicaciones de esta capital por el Movimiento Boliviano de Solidaridad con Cuba.
  Omar Zambrana, de la directiva de esa organización solidaria con la isla en La Paz, señaló a la televisión estatal de Bolivia que el guerrillero fue inmortalizado por la historia y en la actualidad su pensamiento y acción están más vigentes que nunca en el mundo, como símbolo del hombre nuevo.

Nacido en 1928 en Rosario, Argentina, y conocido en todo el mundo como Che, el médico argentino graduado en 1953 unió su destino a la Revolución cubana, desde que integró en México la expedición revolucionaria del yate Granma, que impulsaría en 1956 la lucha final por la liberación nacional en la isla caribeña.

Guevara resultó el primer combatiente guerrillero en ser ascendido al grado de comandante del Ejército Rebelde por el líder de la Revolución cubana, Fidel Castro, en la Sierra Maestra de la región oriental de Cuba.

El mítico comandante dirigió una de las columnas rebeldes que llevaron la lucha armada desde las montañas orientales hasta la capital y el occidente del país, en una de las principales acciones estratégicas encomendadas por Fidel Castro para apurar la derrota de la sangrienta tiranía pro-norteamericana de Fulgencio Batista.

Su maestría y genio militares quedaron plasmados en disímiles combates a lo largo de esa lucha, como la toma de la importante ciudad de Santa Clara, situada al centro de Cuba, victoria que prácticamente decretó el triunfo de la Revolución el 1 de enero de 1959 y provocó la huída del país del dictador Batista.

Durante el gobierno revolucionario, Che Guevara brilló en diversas responsabilidades: como ministro de Industrias, director del Banco Nacional de Cuba, al frente de delegaciones diplomáticas a foros internacionales y otros cargos.

Su vida ejemplar y consecuente con su conducta y pensamiento lo convirtieron en paradigma de millones de hombres y mujeres en el mundo, cuando también prestó ayuda a la revolución en el Congo, África, y comandó la guerrilla latinoamericana en Bolivia (1966-1967), que buscó irradiar la emancipación social en América Latina.

El 8 de octubre de 1967 es herido en combate y apresado en la Quebrada del Yuro junto a dos compañeros, el boliviano Simeón Cuba, Willy, y el peruano Juan Pablo Chang, El Chino. Llevado prisionero a la escuela del lugar conocido como La Higuera es torturado y asesinado al día siguiente.

miércoles, 16 de mayo de 2012

El Che que llevo presente

Por Yeter Palmero/ Televisión Camagüey


No se necesitan fechas especiales para dedicarle unas líneas. Las fotos que comparto aquí reflejan al Che que no olvido y que no olvidamos los cubanos. Su eterna sonrisa, su exigencia basada en la ejemplaridad, su compromiso con las causas justas y los más necesitados; constituyen aliciente para los jóvenes que como yo impulsan la Revolución cubana desde sus puestos laborales.

Lo  admiro incluso como padre de familia, como hombre, como ser humano.

 Más allá de eso,  creo que su pensamiento y su visión de los acontecimientos en Cuba , América y el orbe siempre fue acertada. Comparto su antimperialismo manifiesto en discímiles ocasiones. Desde que leo sobre él me impresiona la capacidad que tenía para  asumir retos sin importar lo complejos que fueran.

Asumir la presidencia del Banco Nacional de Cuba no era precisamente una tarea sencilla a incios de la Revolución, como no lo fue tampoco asumir los rigores de la vida en campaña en la Sierra Maestra con un asma crónica como enfermedad peredne.

Amigo leal, fiel a los ideales que defendía. Creo que no habrá otro comparable con él: alguien preocupado más por el bien y la soberanía de los pueblos de América que por si mismo.

El deber de un hombre está allí donde es más útil, dijo Martí,  y nuestro Ernesto Guevara   hizo realidad la frase con su actuar. Comprendió la esencia de la solidaridad y entregó su vida por ello.

Es un orgulo para los cubanos que este hombre pisara nuestras tierras, viviese con nosotros y se volviera parte nuestra...


!!!!Hasta siempre, Comandante!!!!



















miércoles, 27 de octubre de 2010

CHE COMANDANTE, AMIGO…




Por Yeter Palmero/ Televisión Camagüey

La vida de Ernesto Guevara es sin dudas ejemplo a seguir para miles de personas en el mundo. Su trayectoria es fuente de inspiración, perdura en la memoria y en el actuar de los pueblos.

Los cubanos le recordamos como el Che, el eterno guerrillero amigo que forjó parte de nuestra Revolución, aquel de mirada profunda en quien pensamos cuando recibimos la pañoleta en la primaria, cuando vamos al trabajo voluntario, y a quien no queremos defraudar…

Él, confirmó la sentencia martiana que los cubanos conocemos al dedillo: “Un hombre debe estar allí donde es más útil”. Su corazón latía a la par del de la América nuestra…

Nicolás Guillén, camagüeyano conocido como el Poeta Nacional de Cuba, dedicó 4 poemas al guerrillero. El más conocido fue el que leyó en octubre de 1967 en la Plaza de la Revolución “José Martí “ , el día en que se efectuó la velada solemne en homenaje a quién había caído en tierras de Bolivia.
Ante una impresionante multitud silenciosa, sin previa presentación, el poeta ocupó el podio situado en la tribuna y su emocionante voz reflejó en versos el sentimiento de todo un pueblo:

Che Comandante

No porque hayas caído
tu luz es menos alta.
Un caballo de fuego
sostiene tu escultura guerrillera
entre el viento y las nubes de la Sierra.
No por callado eres silencio.
Y no porque te quemen,
porque te disimulen bajo tierra,
porque te escondan
en cementerios, bosques, páramos,
van a impedir que te encontremos
Che Comandante,
amigo.
Con sus dientes de júbilo
Norteamérica ríe. Más de pronto
revuélvese en su lecho
de dólares. Se le cuaja
la risa en una máscara,
y tu gran cuerpo de metal
sube, se disemina
en las guerrillas, como tábanos,
y tu ancho nombre herido por soldados
ilumina la noche americana
como una estrella súbita, caída
en medio de una orgía.
Tú lo sabias, Guevara,
pero no lo dijiste por modestia,
por no hablar de ti mismo.
Che Comandante,
amigo.
Estás en todas partes. En el indio
hecho de sueño y cobre. Y en el negro
revuelto en espumosa muchedumbre,
y en el ser petrolero y salitrero,
y en el terrible desamparo
de la banana, y en la gran pampa de las pieles,
y en el azúcar y en la sal y en los cafetos,
tú, móvil estatua de tu sangre como te derribaron,
vivo, como no te querían,
Che Comandante,
amigo.
Cuba te sabe de memoria. Rostro
de barbas que clarean. Y marfil
y aceituna en la piel de santo joven.
Firme la voz que ordena sin mandar,
que manda compañera, ordena amiga,
tierna y dura de jefe camarada.
Te vemos cada día ministro,
cada día soldado, cada día
gente llana y difícil
cada día.
Y puro como un niño
o como un hombre puro,
Che Comandante,
amigo.

Pasas en tu descolorido, roto, agujereado
traje de campaña.
El de la selva, como antes
fue el de la Sierra. Semidesnudo
el poderoso pecho de fusil y palabra,
de ardiente vendaval y lenta rosa.
No hay descanso.
¡Salud Guevara!
O mejor todavía desde el hondón americano:
Espéranos. Partiremos contigo. Queremos
morir para vivir como tú has muerto,
para vivir como tú vives,
Che Comandante,
amigo.

Leal Cuba

Eusebio Leal Spengler , luchador incasable en pro de la conservación del Patrimonio Nacional Cubano material e inmaterial, y en especial de...