Por Yeter Palmero/ Periodista de Televisión Camagüey

La Calle Maceo, céntrica vía de
la ciudad de Camagüey, a más de 500 años
de la fundación de la otrora Villa de Santa María del Puerto del Príncipe, persiste
como una de las fundamentales arterias comerciales.
Podría parecer ingenua la afirmación, pero
si buscamos en su historia ella revela cómo ha sido este espacio legitimado funcional
y arquitectónicamente por el pueblo. Incuso, siempre no tuvo el mismo nombre.
En la sesión del 23 de enero de 1899 los
concejales del Ayuntamiento de Puerto Príncipe respondieron al llamado de
varios vecinos y propietarios de la
Calle del Comercio interesados en cambiar el
nombre de la vía por el del General Antonio
Maceo, en homenaje al héroe tras el cese de la Guerra del 95.
Durante ocho jornadas fue publicada la
propuesta en la prensa. El texto refería: “…
a fin de que cualquiera que se crea perjudicado pueda alegar lo que en derecho
juzgue le corresponde”.[1] Lo cierto es que sin
reservas el cambio de nombre fue aceptado con beneplácito y orgullo entre los lugareños.
Hoy la Calle
General Maceo, -boulevard
para los camagüeyanos-, se nombra coloquialmente Maceo entre el pueblo. Testigo
en siglos de sucesos trascendentales recorrió
un trayecto hasta hoy nada simple.
Surgió
integrada a la Calle
San Pablo,
- eje que vinculaba la entrada y salida de la villa con dos importantes rutas
comerciales: el embarcadero del Jigüey y el extremo este de la naciente ciudad.
En sus alrededores construyeron los
principeños casas por lo general de sólidos muros, grandes vanos y fachadas
apaisadas. Las dos últimas cuadras
fueron destinadas a la mercadería y la cotidianidad legitimó desde el
siglo XVII su nombre como Calle del
Comercio.
“En
medio de los establecimientos comerciales allí reunidos, vivían ilustres
ciudadanos: militares de la talla del teniente don Jaime Canes, religiosos como
el presbítero don Antonio Aguilar, intelectuales entre los que figuraban el
licenciado don Jacinto Guerra y respetables funcionarios del Ayuntamiento como
el regidor capitán don Alonso Serrano.” [2]
Puede decirse además, que en los años
treinta del siglo XIX era abundante allí
la venta de productos en pulperías, bazares de bebidas y otros espacios para
comestibles. Ello hacía concurrir en los mismos sitios a personas de diversas
posiciones sociales, económicas y étnicas; entre ellos proveedores, vendedores,
amos acompañados de sus esclavos domésticos e incluso negros libres. El horario
de venta llegó a extenderse hasta entrada la noche como forma de asumir un
mayor número de clientes.
Paulatinamente la calle fue recibiendo
toques de modernidad y el reflejo en la arquitectura fue evidente. Así en la
segunda mitad de ese siglo desparecieron los aleros de tornapunta, - huellas
del barroco criollo y en su lugar lo neoclásico fue prioritario. Se estableció
además un orden funcional para transeúntes y para el abastecimiento. Fueron
blanqueadas las fachadas y empedradas
las aceras.
Con la Neocolonia llegó el
alumbrado, el transporte urbano, nuevas técnicas comerciales y novedosos
materiales constructivos. A inicios del siglo XX la Calle
Maceo, nombrada así para ese entonces, contaba con más de 60 establecimientos auspiciados
por compañías, sociedades y
comerciantes.
“El Bazar, El Encanto, La Esmeralda, El Camino de
Hierro, El Telégrafo, La India,
La Sucursal,
La Flor de Asia,
El Globo… y La Oriental
resultaban de un sólido reconocimiento en la población hacia 1916…”
Barberías, sastrerías, peleterías, espacios
gastronómicos, entre otros, fueron dando forma desde la Modernidad a los principales servicios comerciales que
se ofertan actualmente en la calle Maceo de nuestra ciudad.
Desde mediados del siglo pasado hasta hoy, ha recibido intervenciones para añadir
espacios que ratifican su vitalidad,- como es el caso de la Heladería Coppelia-, o para restauraciones de inmuebles.
Engalanada a propósito del medio milenio de
la otrora villa, modernizó sus redes soterradas de agua, corriente eléctrica,
telefonía y alcantarillado, - obsoletos por más 50 años de explotación. Fueron restaurados los frentes y remodelados
locales. El pavimento enlazó las fachadas en un único nivel fundido a base de
terrazo integral con separadores de mármol.
Hoy la calle Maceo resplandece por su
perfecta armonía con el centro histórico que integra, cautivando al visitante y
a los lugareños que la recorren. Es orgullo de la ciudad en tanto cuenta
objetivamente parte de su historia y permanece en la preferencia popular.
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