
Tiene sus antecedentes en vasijas andaluzas. Según la historia, los alfareros procedentes del sur de España utilizaban grandes recipientes para almacenar granos, aceites, arroz, líquidos.
Los agramontinos del siglo XVII se dieron cuenta de que eran magníficos depósitos para mantener fresca el agua de consumo humano. Tanto, que se dice que no hay agua más agradable al paladar que la guardada en tinaja.
La poetisa camagüeyana Aurelia Castillo, recordando los tinajones de su niñez escribió:
"Agua santa de este suelo
en el que se meció mi cuna,
agua grata cual ninguna,
que bajas pura del cielo.
Yo te beso con anhelo,
casi con mística unción,
pues creo que tus gotas son
de mi madre el tierno llanto
al ver que te quiero tanto,
Camaguey, tu corazón."
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